Skip to main content

Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

See other formats


RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 
Comentarios de la Lección 

I Trimestre de 2008 

El discipulado 

Lección 12 

29 de Marzo de 2008 

Modelos de discipulado 



Prof. Sikberto Renaldo Marks 



Versículo para Memorizar: "Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, 
echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia" (Mateo 1 0:8). 



Introducción 

Lee atentamente el versículo citado anteriormente, el de Mateo 10:8. De la manera 
como está escrito, con respecto al tremendo poder que allí se promete, ¿hay algo 
que puede quedar fuera que los seguidores de Cristo no puedan hacer? Notemos, si 
podrían resucitar muertos, ¿habría algo que pudiera ser imposible? 

En este caso, la pregunta que surgiría es otra, ¿no es así?: ¿Por qué hoy no vemos 
semejante poder? Formulemos la pregunta de otra manera: ¿Dios daría semejante 
poder a personas que no estuvieran plenamente consagradas a Él? 

Por otro lado, ¿dejaría Dios de dar semejante poder a personas que estuvieran con- 
sagradas a Él? Si es así, es decir, si Dios no concediera poder a personas por falta 
de consagración, que no estuvieran plenamente comprometidas con Cristo y que 
mantuvieran lazos comprometedores con los atractivos mundanales, entonces esa 
debe ser la situación de la mayoría del pueblo de Dios en estos días. ¡Es así, porque 
todavía no se ha evidenciado semejante poder! Dios está aguardando a que su pue- 
blo se purifique para conceder el poder que ha prometido. Así lo podemos aprender 
por medio de lo que afirma Elena de White: "Cada persona verdaderamente conver- 
tida estará intensamente interesada en llevar a otros de las tinieblas del error a la 
maravillosa luz de la justicia de Jesucristo. El gran derramamiento del Espíritu de 
Dios que ha de alumbra toda la tierra con su gloria, no sobrevendrá hasta que ten- 
gamos un pueblo esclarecido que sepa por experiencia lo que significará ser colabo- 
radores juntamente con Dios. Cuando tengamos una consagración completa y since- 
ra al servicio de Cristo, Dios lo reconocerá derramando su Espíritu sin medida. Dios 
no puede otorgar su Espíritu cuando el egoísmo y la complacencia propia se mani- 
fiestan de forma tan notoria, cuando prevalece un espíritu que, si se lo tradujera en 
palabras, constituiría la respuesta de Caín: '¿Soy yo guarda de mi hermano?' (Géne- 
sis 4:9)" [Recibiréis poder, p. 31 2] 



La lección de esta semana es una recapitulación de los puntos más importantes ana- 
lizados este trimestre. Recomiendo que se haga con oración. Que busquemos con 
profundidad y humildad a Dios, pues estamos a las puertas de ser zarandeados para 
ser purificados para que así venga la poderosa y rápida conclusión de nuestra misión 
como discípulos. El zarandeo purificará a la iglesia para que esté en condiciones de 
recibir el poder prometido. IVIas, tú y yo seremos zarandeados hacia fuera si nos re- 
sistimos a consagrarnos a Dios. 



Compasión y perdón 

Uno de los puntos vitales dentro de las características que debe reunir un discípulo 
es que debe tener compasión de sus semejantes y saber perdonar fácilmente, esto 
es, tomar la iniciativa del perdón, aunque el otro no lo desee o no lo merezca. Anali- 
cemos algunas de las ocasiones en las que Jesús actuó en relación al perdón: 

1 . Al ver a la multitud, Jesús se compadeció de ella y sanó a los enfermos. Él 
se emocionó al ver a tanta gente ansiando alguna cosas que sólo Él podía 
darles (Mateo 14:14). 

2. Una multitud había estado con Él durante tres días y sus provisiones se 
habían terminado. Jesús tuvo compasión de ellos por el hecho de no haber- 
se apartado de Él y los alimentó multiplicando una pequeña cantidad de 
alimento que alcanzó para todos y sobró (Mateo 15:32). 

3. Viendo a dos hombres ciegos, se condolió por su situación y los sanó. Jesús 
sintió lo que era ser ciego, sus dificultades y limitaciones (Mateo 20:34). 

4. Tuvo profunda compasión por un leproso, y lo sanó (Marcos 1 :41 ). 

5. Al ver la gran multitud, como ovejas esparcidas y sin pastor, se compadeció 
de ellos (Marcos 6:34). 

6. Se compadeció de la viuda de Naín, y resucitó a su hijo (Lucas 7:13). 

¿Qué encierran estas actitudes de Jesús? ¿Qué significan las actitudes de tener 
compasión, condolerse, compadecerse? Esto está dentro de los sentimientos. Es 
sentir cómo la otra persona siente, sufrir con los que sufren, alegrarse con los que se 
alegran. En eso consiste la empatia, la sensibilidad de ponerse en el lugar de otra 
persona y comprender lo que le pasa. No es posible tener compasión sin tener em- 
patia, o sea, si no logramos sentir cómo siente los demás. 

Hoy las personas se tratan con demasiada frialdad. Indiferencia al prójimo. Algo así 
como pensar: "No me importa qué hagan con su vida, mientras no me afecte en algo 
a mí". Eso se da especialmente en relación a un drogadicto, o una persona inmoral, 
un delincuente, o alguien que administró mal y cayó en la quiebra. 

Pero Jesús piensa diferente. Para Él todos son seres humanos. Los malos también 
sufren. Son hijos de Dios, tienen sentimientos, a ellos también le gustaría que el 
mundo fuera diferente. La mayoría de los criminales no se siente a gusto con su vida, 
así como a la mayoría de las prostitutas y personajes de otros grupos más. Millones 
de personas caen en la desgracia, y muchas veces nadie se interesa por ellas. Viven 
en la tristeza absoluta, sin perspectivas con respecto a su futuro y sin saber qué 
hacer. Nunca escuchan una palabra de ánimo o consejo. 



Los presos, por ejemplo, están en la cárcel porque se lo merecen. Pero también ellos 
tienen sentimientos, sufren con la privación de su libertad. Incluso los criminales más 
acérrimos. ¿Los has visto en la televisión? ¿Parece que han logrado la gran conquis- 
ta de sus vidas, o procuran esconder el rostro melancólico y desanimado? Son dig- 
nos de compasión porque no son otra cosa que víctimas de Satanás, y están presos 



Así como tenemos que sentir tristeza por estas personas que experimentan sus difi- 
cultades y buscar cómo ayudarlas, también tenemos que perdonar. No perdonamos 
por obligación, sino porque Jesús lo mandó. Debemos perdonar porque amamos a 
las personas y deseamos que ellas se reconcilien con nosotros. Perdonamos porque 
queremos desarrollar una amistad con ellas. 

Jesús perdonó porque quería que las personas se salvaran. Quería que ellas volvie- 
ran a tener la vida eterna. Quería nuevamente hacerles el bien, bendecirlas, hacerlas 
felices. Él perdona porque ama, y anhela que las personas se reconcilien con Él 
(Romanos 5:10). Y así también nosotros tenemos que actuar. No debemos perdonar 
porque ese es un principio para el buen cristiano. Es más que eso. Perdonamos por- 
que amamos a todas las personas, ya sean amigos o enemigos nuestros. 

En eso consiste la compasión. Sólo perdonamos si amamos. Sólo tenemos compa- 
sión si amamos. Quien ama desea el bien de todos; pero quien es indiferente, quien 
tiene frialdad en sus sentimientos, es vengativo, desea el mal, y no se interesa por 
los sufrimientos de otros. IVIientras la pase bien, no le importa el resto. ¡Imagina el 
universo con personas así! 



Los desechados y marginados 

¿Cuál es la diferencia entre una persona rica y otra pobre? ¿Entre un ladrón y una 
persona honesta? ¿Entre una persona con muchos estudios y otra analfabeta? ¿En- 
tre una persona de mal carácter y otra de buen carácter? 

Vamos a atenernos a sólo algunos aspectos, y no con los que tienen que ver con las 
características de las categorías enumeradas previamente. Todas esas personas 
quieren ser felices, no quieren tener problemas, no quieren morir, quieren sentirse 
bien. Todas tienen sentimientos, sufren o se sienten bien, están tristes o alegras, 
están animadas o desanimadas, etc. 

Jesús, como Dios Creador de todos, siente cosas con respecto a las personas. 
Veamos un caso extremo, alguien que ha desarrollado un carácter tan malo que no 
tiene sentimientos de piedad por nadie, ni siquiera por su madre. Hay casos así. Aún 
a uno de éstos Jesús desearía salvarlo, cambiar su vida, pues entiende el estado en 
el se encuentra. Esta persona no sabe lo que es la felicidad, y eso da pena. Esta 
persona no tiene idea de cómo vivir en armonía, de amar y ser amado. Por lo tanto, 
es una persona que no sabe, quizá porque nunca tuvo la oportunidad de saber cuan 
buen es dar y recibir afecto. 



Estas personas conforman el grupo de los desechados de la sociedad. Están exclui- 
dos porque son pobres, quedan al margen de todo lo que está al alcance de la so- 
ciedad. Hay desechados por muchas razones, incluso por mala conducta. Jesús los 
ama a todos. Al sufrir sus últimos momentos, los de la prueba máxima aquí en la tie- 
rra, los pecados de ellos también estuvieron sobre Él. Por ello también pueden ser 
salvos si la salvación es puesta a su alcance y aceptada. 

Pero la oportunidad puede pasarse hasta que sea demasiado tarde. Uno de estos 
casos fue la ilustración (parábola) del rico y Lázaro. El rico tuvo mucho, para vivir 
bien, pero no lo aprovechó para procurar la vida eterna. Aquí sólo quiso lo que había 
de bueno. Lázaro era un mendigo, no tenía nada. Sin embargo, no descuidó su vida 
espiritual. De lo poco que sabía acerca de la voluntad de Dios, y estamos seguros 
que no sabía demasiado, no lo descuidó. El rico se perdió, pero Lázaro fue salvo pa- 
ra vida eterna. 

Así también ocurrió con el fariseo y el publicano. El fariseo practicaba muchos ritua- 
les, con absoluta precisión, era metódico en su rutina diaria de santificación (pero ar- 
tificial). El publicano era un pecador, pero arrepentido de su estado deplorable. La 
oración del fariseo fue de exaltación a su supuesta santidad en desmedro del publi- 
cano pecador. Por otra parte, el publicano sólo tuvo palabras para reconocerse como 
un indigno pecador, pidiendo misericordia a Dios. Fue él quien salió justificado, no el 
fariseo. 

¿Por qué sucedió de esta manera? Porque el fariseo se miraba a sí mismo y se veía 
como una persona digna de ser reconocida por Dios por su conducta y de ser salvo 
por lo que hacía. Pero el publicano se miraba a sí mismo y no veía nada de dignidad. 
Estaba viendo la realidad, pero el fariseo vio una ilusión irreal. 

Los marginados muchas veces sienten más necesidades de los que socialmente 
están mejor ubicados. Tiempo atrás vi un programa de televisión donde entrevista- 
ban a unas prostitutas. IVIás de la mitad de ellas quería abandonar aquella vida, y al- 
gunas ya estaban tomando recaudos para hacerlo. Así ocurre en la vida espiritual. 
Muchas de lo que consideramos peores personas aceptarían a Cristo si tan sólo Él 
les fuera presentado por algún discípulo suyo, con un testimonio creíble. 



Diversidad y discriminación 

Una de las más frecuentes formas de discriminación es la racial. En Brasil, por ejem- 
plo, que pareciera ser un país donde las razas conviven felizmente, en verdad no 
ocurre así. Aquí también tenemos racismo, aunque sea un tanto solapado. Tenemos 
leyes que protegen a las personas de raza negra, por ejemplo, que facilitan el acceso 
de dichas personas a la universidad. Eso no es otra cosa que una denuncia que las 
personas de esa raza tienen menos oportunidades para el estudio superior. Y los 
indígenas están en una condición semejante. 

En mi país y en otros existe prejuicio regional. Hay ciertas regiones que son despre- 
ciadas por personas de otras regiones. Se dice que algunos son holgazanes, prejui- 
ciados, y otras cosas más. También está bastante extendido el prejuicio entre clases 



sociales, especialmente entre los ricos, en un extremo, y los pobres en el otro. Los 
políticos viven de los votos de los pobres y trabajan para los ricos. 

Entre los israelitas, cuando salieron de Egipto, fue un gran grupo mixto de gente, 
proveniente de Egipto y otros lugares. Moisés sufrió agresiones verbales de parte de 
IVIaría y Aarón porque estaba casado con una mujer etíope. Mas tarde, Rahab, una 
mujer de la ciudad de Jericó, se unió a los israelitas. Luego Rut, una moabita, se 
casó con Booz. También tenemos el caso de las gabaonitas que se integraron astu- 
tamente a Israel. Después vinieron los samaritanos. Israel no estaba conformado por 
una raza pura, es decir, de una única descendencia. Esa no fue la intención de Dios, 
sino que conquistaran para Dios a todos los pueblos, siendo una bendición para todo 
el mundo. 

Aún así, los judíos pensaban que eran un pueblo exclusivo y, en aquellos tiempos, 
muchos de ellos despreciaban a las personas originarias de otros pueblos. Así suce- 
dió, por ejemplo, con los samaritanos. Pero eso no tenía ningún sentido, pues todos 
provenimos de una sola pareja: Adán y Eva. Más adelante, tenemos como padres 
comunes a Noé y su esposa. 

Jesús murió por todos. No podría se de otra manera, pues ¿cómo iba a morir sólo 
por una parte de la descendencia de Adán y Eva? Entre aquellos que serán salvos 
no podrá haber discriminación ni desprecio por los que son diferentes, pues aunque 
nos fuimos diferenciando a lo largo de los milenios, somos todos hermanos. Porque 
hablamos lenguas diferentes no significa que seamos superiores o inferiores, o por- 
que seamos de lugares o países diferentes. Somos iguales y merecedores de la 
misma gracia en el Creador, a la que todos tienen acceso para alcanzar la vida eter- 
na. 



La iglesia 

La iglesia es como un cuerpo que necesita muchos miembros diferentes para funcio- 
nar correctamente. Así como nuestro cuerpo posee brazos, piernas, cabeza, co- 
razón, orejas, etc., y cada parte, grande o pequeña; bonita o fea, es necesaria; así 
también la iglesia necesita miembros con distintas capacidades. Cada persona reci- 
be dones. Los dones son capacidades, aptitudes o inteligencias que deben ser pues- 
tas en práctica para desarrollarse. La fe, por ejemplo, es un don o aptitud que Dios 
les da a todas las personas. Todos los seres humanos son capaces de creer y de 
confiar en Dios. Pero el don de la fe necesita ser practicado y desarrollado, sino no 
tendría razón para existir. 

Desarrollar los dones de Dios requiere aprendizaje y entrenamiento, es decir, capaci- 
tación. Los programas de capacitación para las diversas áreas de la iglesia son ne- 
cesarios. Debe hacerse más de lo que ya se ha estado haciendo. Por ejemplo, capa- 
citación en oratoria, en enseñanza, en liderazgo, para dar estudios bíblicos, en salud, 
en ventas de publicaciones, etc. Hay centenares de opciones, incluso de naturaleza 
profesional para los miembros menos preparados para el trabajo secular, no sólo es- 
piritual. En las congregaciones más chicas, una de las mayores carencias es la de 
líderes y predicadores. Muchas iglesias padecen espiritualmente por falta de capad- 



tación, la cual no cuesta demasiado, pues puede llevarse a cabo a través de volunta- 



Así como Jesús, la Lección nos advierte que dediquemos más esfuerzos al entrena- 
miento y la preparación de las personas para que desarrollen sus dones. Así ellas 
podrán tener mayores aptitudes para servir a Dios, la iglesia será más dinámica y las 
personas se sentirán mejor. Y con certeza, Jesús volverá antes. 



El factor de oración 

¿Qué diferencia hay en la oración? Si oramos ¿algo cambia en nuestra vida? El pas- 
tor Sigfried Hormann decía: "Mucha oración, mucho poder; poca oración, poco poder; 
ninguna oración, ningún poder". Un cristiano, cuanto más ora, más poder obtiene. ¿Y 
cómo sucede eso? 

Orar es acercarse a Dios a través de la comunicación. Orar no es sólo formular pedi- 
dos de aquello que necesitamos y recordar a los agradecimientos. Orar es conversar 
con Dios sobre todos nuestros asuntos. Es dialogar con Dios sin apuros. 

La oración tiene poder porque nos relacionamos íntimamente con Aquél que tiene 
Poder, que tiene todo el Poder y que puede providenciar todo, puede resolverlo todo. 
Especialmente porque nos ama, y nos ama porque es nuestro Creador. 

Jesús, que vino de parte de Dios el Padre, se puso en condición de ser humano. En 
esa condición oraba mucho. Era frecuente que pasara la noche de rodillas, en ora- 
ción. Solía orar sólo, de rodillas, en lugares retirados como, por ejemplo, en lo alto de 
un monte. 

Por lo que hemos estudiado con respecto a Jesús, Él oraba más intensamente en 
momentos importantes o decisivos. Por ejemplo. Él oró cuando estaba por escoger a 
los doce discípulos. También cuando necesitaba enseñar a las grandes multitudes. 
Oró intensamente antes del sacrificio por el cual moriría por la humanidad. Buscó la 
energía y sabiduría de su Padre para enfrentar la difícil misión de salvar a la raza 
humana. Así fue como Él venció. 

El hecho de que oremos, o no, es lo que marca la diferencia. Con la oración, nues- 
tras actividades diarias se vuelven más fáciles, aunque tengamos que hacerlas y 
tengamos que esforzarnos. Cuando surjan las dificultades, ellas serán resultas. Con 
oración, la vida no llega nunca a una situación sin salida, pues Dios siempre genera 
una salida, aún cuando a veces haya algo de demora más allá de nuestra ansiedad. 
Los hombres y mujeres de oración siempre estarán seguros. 

¿Por qué eso ocurre con quien ora? Porque está conectado con la fuente de poder 
que creó el Universo. A través de la oración Dios nos da un poco de su poder porque 
se ha establecido un hilo de intimidad con Él. Si oramos mucho, no utilizaremos mal 
el poder que Él nos dé, pues estamos familiarizados con Él. No obstante, si no ora- 
mos, o si oramos muy poco, al recibir poder haremos mal uso de él. Es cierto que 
muchos se enriquecen a causa de su sabiduría, competencia y astucia, pero aún así 



los favores de Dios son derramados sobre buenos y malos, y así será hasta el fin del 
tiempo de gracia. Pero para los que oran, lo que hacen tiene una dirección que apun- 
ta hacia la vida eterna, cosa que no tienen los que no oran. Así, la oración marca la 
diferencia para la vida presente y esa diferencia está estrechamente relacionada con 
nuestro futuro eterno. 



Aplicación del estudio 

Esta lección, la última del trimestre, presenta buenas sugerencias para reactivar el 
discipulado en la iglesia. En síntesis, podríamos decir lo siguiente: Todos deberían, 
de alguna forma, involucrarse en los dos frentes de acción: en el ministerio y la mi- 
sión. Por ministerio entendemos las actividades internas de la iglesia; y por misión 
entendemos a las actividades relacionadas con los que están afuera de la iglesia. 

No importa en lo que sea, debemos estar involucrados y comprometidos. Es decir 
que cada uno debe hacer algo. Debe ser algo que le guste hacer, algo con lo que se 
sienta bien. No importa si es algo fácil o difícil, todo es necesario. Por ejemplo, a una 
persona le gusta predicar a los de afuera, a otra le gusta distribuir folletos, y otra 
puede preferir realizar visitas misioneras, o de liderar un grupo pequeño. Puede 
haber alguien a quien le guste recibir a las personas que asisten a la iglesia, lo que 
es un gran trabajo y da excelentes resultados cuando se hace bien. Y puede existir 
alguien que se sienta feliz orando por la obra. Puede haber otra persona a la que le 
guste acompañar a otra mientras se hacen visitas. No importa lo que sea, todos es- 
tamos llamados a hacer algo comprometido con la salvación de aquellos que están a 
punto de perderse. 

Prof. Sikberto R. Marks 



Comentario da Ligao da Escola Sabatina 



© Prof. Sikberto Renaldo Marks 

iunijui.tche.br) 



© Traducción: 

Rolando D. Chuquimia (rdchuquimia@ciudad.com. ar) 

RECURSOS ESCUELA SABÁTICA 

http://ar.groups.yahoo.com/group/Comentarios_EscuelaSabatica 

www.elistas.net/lista/EscuelaSabatica 

http://groups.google.com.ar/group/escuela-sabatica?hl=es 

Suscríbase para recibir gratuitamente recursos para la Escuela Sabática